Caso de emergencia: Hora de hacer un examen espiritual.

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En una tarde, cuando el turno parecía estar tranquilo, recibimos un telefonema informando que llegaría una paciente grave de otro hospital con 38 años, madre de 3 niñas y llena de hipótesis diagnosticas, más ninguna cerraba, o sea, ella estaba grave, más nadie conseguía entender la causa. Luego que ella llego, iniciamos los exámenes, hubo 5 paradas cardiorrespiratorias, siendo la mayor de ellas de 30min, lo que significa que ella estaba muerta por casi una hora, y todos nosotros esforzándonos para mantenerla viva. El equipo ya estaba agotado de tanto hacer compresión en el corazón; fueran tantas que se había quebrado dos costillas, sus labios ja estaban morados, su piel estaba pálida y fría. En cuanto su angustiada familia lloraba del lado de fuera de la UTI (Unidad de Terapia Intensiva) nosotros, profesionales de la salud, ja cansados preparándonos para cesar y declarar óbito, hasta que se sintió un liviano pulso y el equipo respiro aliviado.

Ahora surgieron dos sentimientos: la satisfacción en ver la vida retornando y otro de lidiar con séquelas, que esperábamos los más graves posibles. Después de algunos exámenes, llego una medida terapéutica adecuada para el caso y en pocos días, para nuestra sorpresa, ella abrió los ojos, converso, reconoció todos a su vuelta y fue capaz de levantarse y andar, algo jamás esperado pela medicina, ¡no de forma tan rápida! Cuando le contamos lo que había pasado, ella abrió una sonrisa y dijo:” Gracias, ¡Dios! Heme aquí”.

Tuve el placer de ver esa paciente volviendo para casa y la satisfacción profesional de la salud admitiendo la existencia y la grandiosidad de Dios. ¿Tú sabes el propósito de tu vida aquí en la tierra? ¿Como esta tu vida espiritual? ¿En “parada”? Se si, ¿ha cuánto tiempo? ¿Crees que hay alguien tentando reanimarte? Por veces, estamos estancados en nuestra vida espiritual y olvidamos que ella es la base de todo y nos encontramos parados en crises, dolores, angustias, desespero y en vacío. La mayor causa de eso es la desnutrición espiritual que, como la desnutrición alimentar, también acarrea debilidad, incomodidad y hasta enfermedad.

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Yo siempre tuve una rutina mui corrida y, por varias veces, salía de casa con tanta prisa que olvidaba de la merienda y mi madre corría y me daba una fruta para que yo no saliera con el estómago vacío. Yo trabajaba de las 7h hasta las 13h, o hasta un poco más tarde, apenas con un plátano en el estómago y, quien sabe, 200ml de agua. Llevando en consideración el trabajo pesado del hospital, ¿tú crees que mi cuerpo recibía lo suficiente? Uh, no, ¡para nada! El recibía poco nutrientes para mucha actividad, y si así yo lo hiciera todos los días, mi cuerpo quedaría débil por falta de nutrientes. Nuestra vida espiritual no es diferente. Leer un versículo en las redes sociales y escuchar una música cristiana en el auto, no es suficiente para el día. Es necesario más. Dios quiere tener un tiempo en tu agenda, en tu día. Él quiere nutrirte con mensajes de amor, de misericordia, de justicia y de amparo. Él quiere oír tus anhelos y tus temores. Quiere transmitir sueños que Él tiene para tu vida aquí y instruirte como transfórmalos en realidad. Tú viniste a esta tierra para cooperar con la obra de Él, para abreviar Su regreso y diseminar el amor nutritivo que Él tiene a ofrecer. Entonces, despierta de esta “parada”, muestra que tú tienes pulso y diga: Gracias, mi Dios, ¡heme aquí! Mismo que a presentes séquelas, Él puede curarte y libertarte de aquello que ni mismo los médicos comprenden. No esperes pasar por el valle de la muerte, no esperes estar en una cama de hospital. ¡Reacciona hoy, reacciona ahora!

“Así como nuestra vida física es mantenida por el alimento, nuestra vida espiritual es mantenida pela palabra de Dios. Y toda persona tiene que recibir VIDA de la palabra de Dios por sí misma. Como necesitamos comer por nosotros mismos para recibir nutrición, así necesitamos recibir la Palabra por nosotros mismos. No debemos obtenerla solamente por medio de otras mentes. […] Y la vida eterna es esta: que Te conozcan a Ti, El único Dios verdadero, y a Jesús Cristo, a quien enviaste” (Juan 17:3)

Exaltad a Jesús, pág. 300.

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