Tengo depresión. ¿Ahora qué?

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Quizá te has hecho la misma pregunta antes, o en este momento tienes dudas sobre lo que realmente es la depresión. Tal vez, esto te llevó a pensar que es una enfermedad similar a otras relacionadas al pensamiento humano como la tristeza, el desánimo y el mal humor.

Pero, la verdad esencial en este punto reside en comprender que la depresión es un tema importante para abordar, en especial porque lleva el título de “maldad del siglo XXI”.

Entonces, ¿Qué es la depresión?

Es una enfermedad multifactorial. Esta no distingue edad, raza o estatus; es el resultado de interacciones complejas entre factores genéticos, ambientales y sociales. Está asociada, además, con un desbalance químico en el cerebro causado por bajos niveles de serotonina, norepinefrina, dopamina, endorfina y oxitocina (neurotransmisores asociados al sueño, alegría, placer, afecto, felicidad, apetito y motivación).

¿Cuáles son los síntomas?

La depresión puede causar una serie de síntomas desagradables que se manifestarán prácticamente en todos los días y obstaculizarán el establecimiento de relaciones saludables y buen ejercicio de las tareas diarias. En resumen, los síntomas en general son malestar, irritabilidad, hipersensibilidad, lamento, baja autoestima, aumento o disminución del apetito, insomnio o demasiado sueño, pensamientos negativos, ideas frecuentes sobre la muerte, intentos de suicidio, deseo por desaparecer o huir lejos, cansancio psicológico, dificultad para concentrarse, disfunción sexual. No obstante, es necesario recalcar que no todos experimentan todos los síntomas.

¿Cuál es el tratamiento?

En muchos casos, la depresión requiere de un tratamiento psicológico o psiquiátrico. Además de medicación.

Asistir a un psiquiatra es importante, de este modo, un profesional prescribirá la medicación más efectiva para la condición individual de la persona.

Un psicólogo ayuda para el auto-conocimiento e identificación de las posibles causas y reacciones de un problema particular y, posteriormente, presentará los posibles caminos para manejar las emociones y comportamientos más profundos.

¿Cómo pueden ayudar la familia y los amigos a las personas con depresión?

Los síntomas de depresión indican que la persona tiende a distanciarse de sus relaciones sociales, se vuelve menos activa y desarrolla conflictos internos que le conducen a perder las energías para realizar algo. En estos casos, es imperativo explicar la importancia e impacto que el tratamiento tiene en la persona deprimida. Lo mejor que podemos hacer por aquellos que atraviesan un cuadro de depresión es ofrecerles un soporte especial en la ejecución de su tratamiento. Debemos escuchar con cuidado aquellas señales de pesimismo y desesperación, pues estas actitudes podrían traducirse en altas probabilidades de suicidio. Llama, visita y ora con quienes muestran estas señales.

Asegúrate de invitar a esta persona a participar de tus actividades diarias. Ayúdale a crear una rutina que promueva el ejercicio físico, una dieta balanceada y saludable y un descanso reparador. Invítale a practicar actividades fuera de casa, como las caminatas, paseos en bicicleta e, incluso, almuerzos al aire libre.

Una corta caminata y ejercicio físico contribuirán a la liberación de hormonas del placer como la dopamina y las endorfinas. Observe y elogie los pequeños logros alcanzados, incluso las cosas más simples como levantarse de la cama (una hazaña heroica para la persona que está con depresión).

¿Cómo puede alguien con depresión ayudarse a sí mismo?

Con toda certeza, si tienes depresión lo que menos querrás hacer es salir de este estado de ánimo, de hecho, te sentirás cada vez más encadenado a los síntomas (mencionados previamente). Pero, trata de buscar alternativas a la rutina que llevas y te sorprenderás.

Encontrar diferentes actividades para ejecutar tus actividades cotidianas permitirá que tu perspectiva sobre tu estilo de vida cambie. Esto te convertirá en una persona capaz de sobrellevar nuevas situaciones que, no siempre, están planificadas. De este modo, podrás experimentar un cambio positivo en tu vida.

Hablar es fácil. ¡Lo difícil es, realmente, experimentarlo!

Quiero que sepas que yo comprendo por lo que estás atravesando, y tengo mucho respeto por el dolor que en estos momentos sientes.

Sé que cada caso es único y particular, por eso, te invito a leer la experiencia de Elena Esteves, una de nuestras escritoras aquí en The Girl Writes. Quizá esto te de fuerza y esperanza en estos momentos, créeme, ¡es posible encontrar alegría y equilibrio en la vida otra vez!

Cuatro años atrás perdí a mi padre a causa del cáncer. Seis meses después, mi madre también murió. Ella fue alejada de nosotros a causa de un accidente automovilístico, y esto me devastó. Era como si una parte de mí hubiera muerto con ellos. En un momento tenía casa, familia, estabilidad financiera y emocional, y al siguiente, todo desapareció. Nada me hacía sentir viva y no podía encontrar ni siquiera un poco de felicidad. Era como si viera el día pasar a través de una ventana hasta que la oscuridad se volvía más y más densa conforme anochecía. La mejor parte de mi día era cuando iba a mi cama. Dormir se convirtió en mi refugio porque cuando estaba dormida, no sentía ningún dolor. No sentía nada.

Recuerdo que cada mañana al despertarme empezaba a llorar porque tenía que enfrentar otro día. Mi sueño se volvió irregular porque en ocasiones dormía demasiado y en la noche no conciliaba el sueño. No recuerdo comer y esto me hizo perder mucho peso. Básicamente, cosas como limpiar la casa, ordenar mi cuarto e, incluso, tomar una ducha eran grandes retos para mí. Cualquier pensamiento que me obligara a salir de mi cama me hacía sentir ansiedad y me hacía sollozar.

En cierto punto, pensamientos suicidas pasaron por mi mente. Planifiqué los métodos y momentos adecuados, pero pensaba que solo eran ideas nunca las llevaría a la práctica. Finalmente, me di cuenta que me sentía tentada cada vez que me encontraba en lugares altos o que debía hacer un esfuerzo consciente para mantener mis pies en la acera cuando estaba en una avenida muy transitada o en el andén de una estación de tren. Compartí lo que estaba pasando con mi familia y otras personas, y ellos me ayudaron.

Empecé realizar un tratamiento psicológico, esto fue lo que salvó mi vida. (En algunas sesiones, ni siquiera podía hablar. Solamente lloraba y después de abandonar el lugar me sentía mejor). Hablaba sobre lo que sentía, incluso cuando no comprendía exactamente lo que me estaba pasando, esto me ayudó mucho porque el psicólogo le dio nombre a mis sentimientos permitiéndome lidiar con ellos por mi cuenta. Utilicé antidepresivos por un tiempo, esto fue esencial debido a que gracias a la intervención médica, tuve las fuerzas necesarias para continuar con mi tratamiento.

¡Fue un largo camino! Hubieron días en los que mi depresión era como una abeja que volaba molestamente alrededor de mi cabeza; aunque esto no me impidió realizar mis tareas, sabía que mi depresión estaba ahí. En cambio, otros días eran como un oso pesado que se arrimaba a mi espala y me impedía hacer cualquier cosa. Pero, con toda la ayuda que recibí y con Jesús de mi lado, fui capaz de sobreponerme a esta etapa de mi vida. Ahora soy feliz, mis días tienen color y tengo un mejor conocimiento sobre mí y lo que siento. Si en estos momentos te sientes acorralado y piensas que no hay esperanza para tu caso, ¡lo primero que debes hacer es pedir ayuda de inmediato! Créeme, ¡el sol puede salir otra vez en el cielo de tu vida!

Ahora comprendes un poco más sobre lo que la depresión es, quizá has notado que alguien cercano a ti, o tú mismo, experimentan estos síntomas en estos momentos. Tú no estás solo. Dios está contigo y Él desea que este dolor desaparezca. Él ha preparado personas y profesionales capacitados para que te ayuden. ¡No dudes en pedir ayuda!

¡Comparte este artículo y esparce más información al respecto para aquellos a los que amas!

Photo: Gabriele Machado (@garrbz)

1 thought on “I Have Depression. Now What?”

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